Silvia
Abascal
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"No se me pierde nada en los saraos"
por Ana Romero para El Correo Digital

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La dulcísima Silvia Abascal se ha estrenado este fin de semana en el teatro. A pesar de contar con un amplio currículum profesional en cine y televisión, la joven actriz madrileña no se había enfrentado aún a las tablas. 'La Gaviota', de Anton Chéjov, ha sido su excusa perfecta para romper el hielo.

-¿Le daba vértigo el escenario?

-No. Hasta ahora no podía compaginarlo con el cine ni con la tele. No había llegado la oportunidad. Tenía una cuenta pendiente.

-¿Es un ejercicio liberador?

-Yo lo veo como un ritual. Hay algo muy sagrado, muy ceremonioso.

-'Nina', su personaje, se enamora del amante de otra mujer. ¡Menudo culebrón!

-Hay muchos conflictos emocionales. Chéjov trata temas muy vigentes: el paso del tiempo, la muerte, enamorarse de la persona equivocada, la ambición

-¿Es tan ingenua como 'Nina'?

-Ella tiene una ambición desbordante. Sueña con ser una actriz muy famosa. La gloria, el éxito o la fama no me despiertan ningún interés. En cambio, sí me interesa el aprendizaje, la evolución. Esto es una carrera de fondo y cada proyecto es un nuevo reto.

-Pese a su aparente optimismo, ¿le suelen dar bajones?

-Por supuesto. Es una profesión muy insegura. Dependes de una llamada, un juicio, un director de casting Hoy gustas, mañana no.

-¿La técnica no acaba por matar la frescura?

-No sé. Lo más importante en cualquier artista es el talento en bruto. Pero, como ocurre con un diamante, para hacerlo bello hay que pulirlo. A mí me gustan las escuelas porque cada vez que voy a clase me enfrento con mis límites.

El rostro más bonito

-¡Con lo dulce que parece! ¿Quién le iba a decir que Chicho Ibáñez Serrador la elegiría para hacer de niña poseída en el 'Un, dos, tres'?

-Mi apariencia y mi voz son dulces, pero eso no me ha encasillado. Tengo mis momentos de genio.

-¡Y cara de ángel! En 1999 fue 'el rostro más bonito del cine'.

-Eso es un halago. Pero cuando te dan un premio, no terminas de creértelo. No me preparo para ser un rostro bonito. Mi trabajo es la interpretación.

-¿Es muy romántica? Perfiles como el de Doña Inés o Julieta le van como anillo al dedo.

-Mi físico es muy clásico y de cara al teatro va mucho con ese tipo de personajes. Más que romántica, me siento muy sensible.

-Muchos colegas suyos suelen participar en fiestas de forma habitual. ¡A usted es difícil pillarla en un sarao!

-El hecho de venderme como un producto me aburre bastante. En los saraos no se me ha perdido nada. Es la parte de la profesión más gris y abandonada que tengo.

-¿Cuándo la veremos de nuevo morena y con el pelo corto?

-Me lo he teñido ya tres veces por exigencias del guión. Si el personaje se tiene que rapar la cabeza, me la rapo. Y si necesito gafas o un entrecejo, me lo pongo. Me gustan mucho los actores camaleónicos.