| Silvia Abascal .net |
Entrevista en MundoTeatro.com
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Fue la hija rebelde de Verónica Forqué en la exitosa serie Pepa y Pepe, surcó las pantallas de nuestro mejor cine con trabajos como La fuente amarilla, La voz de su amo o A mi madre le gustan las mujeres, estuvo al lado de grandes personajes masculinos como Don Juan o Miguel Hernández, y ahora se pasa a los escenarios para convertirse en actriz de teatro como Nina, la protagonista de La Gaviota de Chéjov. -¿Qué aporta el teatro a los actores
para que dejen el cine y la televisión? En mi caso nunca había hecho teatro y tenía muchas ganas de estrenarme en los escenarios y no encontré mejor ocasión que ésta. Primero porque es un texto universal y maravilloso, segundo por la compañía que me rodea y con la que estoy trabajando y por último por el personaje, por Nina, que es uno de los más soñados por las actrices. Creo que el teatro te aporta un directo brutal y muchísimas tablas, porque ahí sí que depende de ti. Se apaguen los focos, se vaya el texto, pase lo que pase tú tienes que resolver. Y no lo sé, te aporta un hacer y morir, realmente es como la manera de hacer más sagrado nuestro oficio, es la esencia de la interpretación. Te da la posibilidad de volar, no es como en el cine que es todo muchísimo más picado, o la televisión, que es rapidísimo -aquí tienes dos meses de ensayos, de elaboración-. Lo veo como un proceso mucho más rico, más elaborado. -¿Se deja arrastrar por la historia o es
de las que prefieren "controlar" en todo momento al
personaje? Lo bueno es tener la conciencia de que estás representando, que tienes al público delante y también tener la inconsciencia de determinados momentos en los que vuelas, que desconectas y realmente eres Nina y sientes, vives como ella. Realmente estás en Rusia, enamorada, y sueñas con la ambición más grande como actriz.. -¿Es más difícil hacer reír que
llorar? Las dos cosas son difíciles. La esencia del actor es transmitir emociones y en esas emociones están las sonrisas, los llantos. Es lo que me propongo, no sólo en teatro, también en cine. Contar historias y mover estómagos. Que el espectador que entra salga de un modo diferente. -¿Debe demostrar el buen actor su valía
desde el teatro? No, porque Javier Bardem no ha hecho teatro y para mí es maravilloso. Creo que el buen actor lo es en la tele, en el cine y en el teatro. Cuanto más preparado estés y cuanto te puedas mover en terrenos diferentes y en géneros diferentes mejor. Yo no quiero limitarme a teatro, quiero hacer cine, quiero hacer musicales, quiero hacer clásicos. Cuanto más contraste haya, más rico el actor y más preparado. -¿Qué es lo que menos le gusta de esta
profesión? La promoción. Ni me preparo para ello, ni me siento válida. Hay que vender los productos, pero es donde me siento más incómoda. Y toda esa sección de la que no formo parte, de los saraos, de los estrenos. No me va nada. -¿Cómo explicaría Chéjov a las nuevas
generaciones? A Chéjov siempre se le ha relacionado con algo muy denso, muy lento, de silencios, y realmente sus temas son muy vigentes. Son temas tan universales y clásicos como el amor, el desamor, los celos, la ambición, la muerte, los sueños. Temas en los que te sientes reconocido porque forman parte de la historia. -¿Cuál es su mayor arma en el
escenario? No soy consciente, pero intento que mi arma sea la verdad y la sinceridad a la hora de enfrentarme a un trabajo y de entregárselo al espectador. Pero no soy consciente. -¿Ha renunciado a algo por el éxito y la
fama? Fama y éxito son términos como muy gaseosos. Por trabajo no he renunciado. Es cierto que en mi etapa inicial, a los catorce años, estaba sacándome los estudios, trabajando, y tenía menos salidas que mis compañeros. Pero siempre que me he sentido un poquito agobiada, como que tenía poco tiempo para mí, he echado el freno. -¿En cualquier caso, no se arrepiente de
haber llegado? Yo no tengo la sensación de haber llegado. Tampoco de haber rechazado nada. Tengo el espacio para mi vida privada, que es fundamental y mi prioridad básica, mis estudios, mi preparación, y trabajo. Y en eso sí que me siento muy afortunada, simplemente por trabajar en lo que me gusta y lo que he elegido. -¿Qué historia de las que ha
interpretado le hubiera gustado vivir? "El tiempo de la felicidad" es una historia muy bonita, con una familia fantástica. No es que envidie esas historias, pero aquella era una película de hippies que a mí me hubiera gustado mucho conocer. Los años setenta, viviendo en Ibiza... Por decirte una; porque "La fuente amarilla" es dramática, "La voz de su amo" se desenvuelve con ETA y demás, Doña Inés tiene su drama y Nina tiene un cuarto acto brutal. No me gustaría encontrarme ahí. -¿Algún proyecto
cercano? Sería para cine, pero es proyecto y no está ni firmado. (risas) -Muchas gracias.
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