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«Es un reto muy agradable llegar al teatro de la mano de Chéjov»
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La balanza de su haber profesional se inclina, indiscutiblemente, hacía las cámaras. Ellas la descubrieron, la mimaron y la abrieron las puertas del éxito. Indiscutiblemente, para que todo ello ocurra también hay que tener peso específico interpretativo. Eso es lo que le ocurre a Silvia Abascal, una jovencísima actriz que hasta ahora ha llevado su carrera ante las cámaras, bien para proyectar su imagen a través de la pequeña pantalla dando vida a personajes que han ido creciendo con ella, bien en la pantalla grande, donde ha interpretado diversas películas junto a nombres ya consagrados. Silvia Abascal se enfrenta ahora a la tarea de demostrar que lo que se ve a través de las pantallas también se hace realidad en vivo, ante un público más exigente y cercano como es el del teatro. Y lo hace dando vida a Nina, el personaje joven protagonista de la obra de Antón Chéjov «La gaviota», que se estrena en la cartelera madrileña a partir del próximo jueves. Un personaje que ha tenido que trabajar duro, ya que la forma de madurarlo es diferente en cada medio. «Conocía la obra de Chéjov porque en la Escuela de Arte Dramático pasamos muchas escenas de «La gaviota». Cuando me lo ofrecieron me llevé una enorme pero a la vez grata sorpresa. Es una obra que todos los actores queremos interpretar. Ahora tengo una gran alegría y estoy emocionada porque es mi presentación en teatro y es un gran riesgo el que tengo delante, pero lo asumo con toda confianza porque el teatro es el gran ritual de todo actor». Para prepararse para este desafio, Silvia Abascal confiesa que, además de aprenderse de memoria «La gaviota», está leyendo muchas novelas rusas de la misma época, viendo película «muy chejovianas» y, confiesa, «trabajando de una manera más interna los estados emocionales del personaje porque creo que son esenciales a la hora de trabajar «La gaviota». Es como un motor, si no sientes esos estados emocionales, no arrancas. Éste ha sido mi desafío este verano». Sobre el personaje de Nina, al que da vida, Silvia Abascal reconoce que «hay una parte del mismo que siempre se anula al trabajar las Ninas que es al ambición. Y yo creo que, o a mi me apetece y Amelia Ochandiano, la directora, también, que la ambición del personaje es importante, por el ansia de fama, por la gloria y por eso viene luego su caída, el hundimiento... Y eso es lo que hacemos nosotros aquí, luchar, resistir, y anímicamente, como actriz, busco eso para seguir adelante». Ante el enfrentamiento directo con el público, para Silvia Abascal quedan muchos títulos de series televisivas -«Pepe y Pepa», «Al salir de clase», «Las calles de San Fernando»-, y películas como «La voz de su amor», «El tiempo de la felicidad», «Miguel Hernández» o «A mi madre le gustan las mujeres», entre otras. Silvia es una de esas actrices que entran por la puerta grande del teatro, como acaba de hacer, entre otras, su compañera María Adánez, que también ha debutado como protagonista de una función. «El salto de la televisión a los escenarios -confiesa- es el mismo que se da de la televisión al cine. Son tres lenguajes diferentes y a mi no me gusta limitarme a ninguno de ellos. Siempre intento ir a donde haya buenas historias. Desde hace ya bastante tiempo me moría por hacer teatro, y cuando me llamaron para hacer «La gaviota» y el papel de Nina, no lo dudé un instante. Sé que es un arma de doble filo y hablo personalmente no del resto de las compañeras. Es un reto muy importante dar el paso al escenario, al teatro, al contacto con el público y, sobre todo, por trabajar un Chéjov y por hacer una Nina. Lo que ocurre es que, como nunca me he sentido limitada a un género, siento que es un reto exquisito y que me apetece muchísimo y al cual no voy a decir que no». |